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La juventud trabajadora vivimos una experiencia común: precariedad laboral, dificultades para acceder a una vivienda digna y una educación pública cada vez más castigada. Problemas que a menudo se presentan por separado pero que forman parte de una misma realidad: nuestras vidas y nuestros derechos quedan cada vez más subordinados a los intereses de quienes se benefician de nuestro trabajo.

Pero hay quienes luchamos contra eso. La juventud trabajadora no podemos permanecer al margen de los problemas que atraviesan nuestros centros de estudio y de trabajo y nuestros barrios; no podemos permanecer pasivos ante los problemas que atraviesan al conjunto de nuestra clase.

En el sector educativo, trabajadores y estudiantes sufrimos un mismo problema: el deterioro cada vez más agudo de las condiciones de trabajo y de estudio. La introducción de las empresas en las universidades, las largas horas de prácticas en la FP, las becas insuficientes para los doctorandos, las precarias condiciones de trabajo en el sector educativo o las altas ratios en las aulas no son meras casualidades. Todos estos problemas son expresiones particulares de un problema general. Cada conflicto y cada reivindicación concreta parten de una realidad común: la subordinación cada vez mayor del sistema educativo a las necesidades productivas del capital.

Y ante un mismo problema, debemos plantear una misma solución. Debemos superar la fragmentación que atraviesa al sector educativo. Interinos, personal fijo, personal de administración y servicios, estudiantes, doctorandos… Debemos dejar de caminar por separado. Dejar de librar cada batalla por separado. Cuando termina una movilización, la experiencia se pierde y la siguiente lucha vuelve a empezar de cero. Para lograr verdaderas victorias y acumular fuerza, debemos avanzar decisivamente hacia la unidad de clase, porque sin importar a qué convenio pertenezcamos, en qué centro trabajamos o dónde estudiamos, compartimos lo esencial: somos una misma clase.

Elige lo necesario. ¡Organízate!