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Isabel GónzalezRevista Juventud

Los retos de la Juventud Comunista en el ámbito internacional

By 17/06/2026No Comments

Contexto del movimiento comunista internacional del XII Congreso

En nuestro XII Congreso, los CJC reforzamos la importancia de nuestras tareas en los espacios de trabajo político a nivel internacional de las organizaciones juveniles obreras. Esto supone la apuesta por la realización de trabajo en coordinación con otras juventudes en la denuncia de las condiciones de explotación de la juventud, la guerra imperialista y el papel de nuestros respectivos países en las alianzas imperialistas de las que forman parte. Dicho trabajo, no obstante, se ha de realizar en un contexto en el que las posiciones clasistas se han visto gravemente afectadas por diferentes corrientes político-ideológicas que poco tienen que ver con la defensa de los intereses de la clase obrera de cada país.

El estallido de la guerra en Ucrania hace más de cuatro años evidenció, ahora descaradas y sin tapujos, las contradicciones político-ideológicas que se llevaban fraguando en el seno de múltiples partidos y juventudes comunistas. El falso dilema sobre la necesidad del «apoyo táctico» a una potencia imperialista sobre otra han sacado a la luz una grave crisis ideológica en el movimiento obrero y comunista a nivel internacional. Esto, sin embargo, no tiene nada de nuevo, y solo hace falta remontarnos un siglo atrás.

Lecciones históricas sobre el internacionalismo proletario

Las múltiples referencias a las Internacionales a lo largo de los distintos números de esta revista no son un capricho, sino que son precisamente estos momentos históricos de los que las organizaciones comunistas se nutren y obtienen conclusiones político-organizativas, si bien en muchas ocasiones parecen ser olvidados o analizados desde perspectivas ya superadas, precisamente, en debates de diversos congresos obreros a escala internacional.

La II Internacional fue sede y testigo de los debates del movimiento obrero internacional en la antesala de la I Guerra mundial y de la entrada del capitalismo en su fase imperialista. En su seno confluyeron debates de rabiosa actualidad entre partidos obreros que habían de desprenderse de concepciones derechistas y socialchovinistas para convertirse en partidos verdaderamente revolucionarios. Así, los debates de este contexto que más nos interesan en el presente artículo son los sucedidos en torno a la guerra y el papel que los comunistas debían tomar en torno a ella.

A finales del siglo XIX, en un contexto de conflictos entre diversos estados capitalistas y el inicio del colonialismo, surgieron en el movimiento obrero dudas sobre la postura que debía adoptar la clase y sus partidos. Lenin, bebiendo de los análisis de Marx y Engels, fue capaz de explicar las características de las guerras en la época, que habían tomado una orientación distinta a las guerras de liberación nacional que pudieron observar un siglo antes. El capitalismo, ahora fundamentado en el monopolio y no en la libre competencia, había entrado en una nueva fase en la que las fronteras nacionales ya no marcaban los límites del capital. Los monopolios se conformaron como alianzas supraestatales y el colonialismo fue resultado de las necesidades de explotación de nuevos territorios y rutas comerciales.

El Congreso de Stuttgart de 1907 saldó el debate en torno a la posición obrera sobre la guerra con una resolución que sería la base de la postura revolucionaria. La tarea de los comunistas debía ser, pues, interceder para que la guerra cesara cuanto antes, y aprovechar la situación político-económica para llamar a las masas a la lucha por la abolición del gobierno capitalista. Ocho años después, la Conferencia de Zimmerwald reforzaría dicha posición y profundizaría en las conclusiones de los debates existentes en el movimiento obrero sobre la guerra. 

Las guerras en la época imperialista son la consecuencia más voraz de la pugna entre las diferentes burguesías nacionales y los monopolios de cada país en la búsqueda de nuevas materias primas, rutas comerciales y aumento de las esferas de influencia. En este momento ya no se podía hablar de guerras de liberación nacional, o de guerras progresistas, sino de conflictos bélicos que buscaban la obtención de beneficios y ventajas para las burguesías en liza

La Conferencia de Zimmerwald supuso el cisma definitivo entre la socialdemocracia y el socialismo revolucionario: la posición internacionalista denunció el error en el que habían caído diversos partidos obreros al haber apoyado la defensa nacional ante la guerra. Esto supuso plegar los intereses del proletariado a los de la burguesía; las tareas de los y las trabajadoras de cada país debía ser, precisamente, la lucha contra su propia burguesía ansiosa de extender su poder económico, político y militar más allá de sus fronteras. La consigna debía ser la de transformar la guerra imperialista en guerra civil contra la clase dirigente; el imperialismo sólo puede superarse mediante la eliminación de las contradicciones de las que surgió a través de la organización en clave revolucionaria de la clase obrera de los países capitalistas. Las condiciones objetivas para una paz duradera existen; es la tarea de los y las comunistas la dirección de la clase para conseguirla. 

Las lecciones acerca de este proceso clarificador en el seno del movimiento obrero internacional quedaron sintetizadas por Lenin y servirían de guía para la III Internacional y el proceso revolucionario ruso. Entonces, ¿qué entendemos por imperialismo desde una posición leninista? 

A finales del siglo XIX, el capitalismo llegó a un punto en el que el capital bancario y el capital industrial de los países cuyas fuerzas productivas habían avanzado más rápidamente se fusionaron, dando lugar al capital financiero. Este proceso tuvo una serie de implicaciones que todavía se mantienen vigentes hoy en día, en tanto que seguimos en dicha fase imperialista. En palabras del propio Lenin, «el imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y el del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes». El imperialismo no es otra cosa que la última fase del modo de producción capitalista; el imperialismo es el capitalismo en descomposición.

De esta manera, todos los países capitalistas del mundo se sitúan en una determinada posición, más o menos favorable, dentro del sistema imperialista mundial -lo que se define como interdependencia desigual-, y buscan la exportación de su capital financiero y la reproducción ampliada del capital en las mejores condiciones. Esto produce, inevitablemente, la pugna con otras potencias, que se encuadran en distintos bloques y alianzas imperialistas como expresión de una correlación de fuerzas en un momento concreto, pudiendo variar y reorganizarse a causa de las propias contradicciones internas características de la época imperialista. La máxima expresión de dichas contradicciones cristaliza en forma de guerra donde los estados capitalistas buscan nuevas fuentes de beneficio. Consecuentemente, su eliminación no podrá darse mientras siga vigente el modo de producción que las genera.

Lecciones de la actualidad

Sin embargo, el socialchovinismo que impregnó los debates de hace algo más de un siglo, todavía encallado en muchos partidos y organizaciones obreras, es una realidad en el movimiento comunista internacional también en su expresión juvenil. La «defensa antiimperialista» se puede vestir de muchos colores, pero solamente aquella que elige la anteposición de los intereses del proletariado por encima de cualquier burguesía, sea del país que sea, es la que teñirá de rojo nuestro porvenir como clase

La influencia de las burguesías de potencias capitalistas actuales que en el siglo pasado pasaron por un proceso revolucionario, como es el caso de Rusia y China, ha tenido un importante peso político-ideológico en el movimiento comunista internacional. Ambas potencias sufrieron procesos contrarrevolucionarios, que, si bien de diferente índole, llevaron a ambas a su inserción en el mercado capitalista mundial en la que tanto la burguesía rusa como la china salieron beneficiadas. Las relaciones de producción en ambos países, tengan más o menos mediación del Estado, son capitalistas. De hecho, es precisamente esta relación inquebrantable entre economía y Estado la que posibilita y sustenta el modo de producción; las alianzas supraestratales como los BRICS, las iniciativas económicas como la Franja y la ruta, o la Unión económica euroasiática son ejemplos de configuraciones enmarcadas dentro del sistema imperialista mundial.

Cuando el imperialismo deja de ser considerado un sistema mundial y se caracteriza como una política exterior de algunas potencias, se niega el carácter capitalista del Estado y su consecuente papel en el sistema imperialista. Aquellos que defienden el ascenso de otras potencias y alianzas para que funcionen como contrapeso a la potencia hegemónica capitalista, EE. UU., defienden el ascenso de nuevas potencias que están dispuestas a asumir la posición hegemónica en el sistema imperialista. El antiimperialismo se debe dar, pues, comprendiendo el papel histórico de la clase obrera mundial en la toma del poder político y en la lucha contra la burguesía, nacional e internacional, y toda alianza imperialista. 

Nuestras tareas 

La guerra en Ucrania, el genocidio palestino y la guerra en Oriente próximo son precisamente expresiones del carácter imperialista del modo de producción actual. La revolución es un hecho presente, para la que las juventudes comunistas hemos de trabajar como correa de transmisión de la política partidaria entre la juventud obrera de nuestro país.

Por un lado, es nuestra tarea la denuncia del papel del Gobierno español en su participación —por mucho que la quieran vestir de progresista— en los diversos conflictos bélicos, siendo de los diez países que más armas venden, el despliegue de tropas, el aumento del gasto militar que se ha triplicado entre 2019 a 2025 y, al fin y al cabo, el viraje hacia la economía de guerra requerido por la pertenencia de España a la OTAN y a la Unión Europea. Por ello, la juventud obrera en España debe conocer los peligros de situarnos dentro de estas alianzas imperialistas y organizarnos en cada centro de estudio, centro de trabajo y barrio para reclamar la salida de dichas alianzas. La lucha contra la guerra imperialista debe ser la lucha contra nuestros propios gobiernos y el sistema que perpetúan.

Por último, hoy más que nunca se torna fundamental el fortalecimiento del polo leninista juvenil en todos aquellos espacios de trabajo y colaboración entre organizaciones comunistas y obreras juveniles del mundo. El refuerzo de las posiciones leninistas supone el refuerzo de las posiciones clasistas en el seno del movimiento comunista a nivel internacional, desterrando posiciones multipolaristas que una vez ya fueron combatidas por el socialismo revolucionario. Los CJC situamos nuestras tareas a nivel internacional como una prioridad política y como reflejo y extensión del trabajo en nuestro país; elevación de conciencia, denuncia y trabajo conjunto con otras organizaciones juveniles revolucionarias del mundo.

Unámonos, una vez más, contra la guerra, por la paz, en el espíritu del socialismo; el enemigo principal está en casa.