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Mario DíazRevista Juventud

¿Qué lecciones puede sacar la juventud trabajadora de las acampadas por la vivienda?

By 03/10/2026No Comments

El día que desahuciaron a Maricarmen el ambiente era diferente al cotidiano. La mañana del 23 de septiembre todos nos indignamos un poco más de lo normal: como si nos hubiésemos terminado de dar cuenta —colectivamente, que es donde se marca la diferencia— que en la lógica especuladora no había cabida para los escrúpulos.

Aquella misma tarde, en la manifestación para mostrar el rechazo al desahucio, algo comenzó a cambiar. El gran despliegue policial, a pesar de la represión final, no detuvo a la clase trabajadora madrileña en su anhelo de expresarse y ensancharse. Habíamos perdido miedo y empezamos a ser conscientes de que teníamos que hacer algo con toda esa rabia acumulada: organizarla.

Esa rabia nos llevó a las calles el sábado 26 de septiembre. Miles de personas inundaron Madrid en una de las primeras tardes de otoño para acabar acampando, a iniciativa del Sindicato de Inquilinas, en la Puerta del Sol. El objetivo era presionar y demandar al gobierno la promulgación de medidas en materia de vivienda para que no hubiese ni una sola Maricarmen más, pero también para que la vivienda dejase de ser inaccesible.

Más de una semana después del inicio del movimiento de acampadas, tras el rechazo parlamentario de los dos decretos propuestos por el Gobierno y después de días participando y trabajando con compañeros y compañeras, quizá no sea mal momento para hacernos algunas preguntas. Y puede que la más importante a responder sea sobre las lecciones que podemos sacar de las acampadas por la vivienda.

La tibieza de los decretos gubernamentales, divididos en dos para asegurar cierta contención social en caso de aprobación parcial, y finalmente rechazados en su totalidad, nos enfrenta a una de las enseñanzas fundamentales: la juventud trabajadora, de la mano del conjunto de la clase obrera, solo podemos confiar en nuestras propias fuerzas. Ocho años de gobierno socialdemócrata han vuelto a poner de manifiesto que su programa no representa las necesidades de quienes somos mayoría. El gobierno socialdemócrata, con el PSOE a la cabeza, ha desahuciado cada día a 90 familias desde 2018 y ha legislado sistemáticamente a favor de los rentistas que se forran a nuestra costa.

Bloque del PCTE y los CJC durante la manifestación del 3 de octubre por la vivienda, Madrid, 2026.

Solo cuando la presión y la movilización les han puesto contra las cuerdas han hecho de tripas corazón para sacar unos tibios decretos que estaban lejos de cumplir con nuestras necesidades. Conviene señalar que no se trata solo del PSOE. Aquellos que aseguraban que llegaban a la política para cambiarlo todo y «tomar el cielo por asalto» (Podemos, Sumar, etc.) han demostrado que no nos representan. Que entre el rentista y el trabajador, se ponen del lado del primero, al no cuestionar las bases de su riqueza.

Por eso, la primera lección para la juventud trabajadora es clara: no delegar nuestro futuro a nadie ajeno a nuestros intereses de clase. Aunque el camino no sea tan corto y el horizonte no se vea tan claro, no podemos confiar nuestras necesidades, nuestras vidas y nuestras casas a fuerzas políticas que no gobiernan para nosotros. Ante la socialdemocracia que nos llama a elegir lo posible —aquello que nos permiten hacer—, la juventud trabajadora debemos elegir lo necesario.

Por otra parte, a lo largo de estos días hemos escuchado y leído a personajes que, apelando a los trabajadores, han tratado de desarrollar una serie de argumentos —muchas veces convertidos en falacias— para señalar los límites y los vicios de las acampadas. Huelga decir que muchos de esos comentarios son lanzados desde tribunas alejadas a toda participación política (ya no digamos militante) o plataformas de la reacción, como hace el cazafantasmas Roberto Vaquero.

¿Existen límites organizativos, ideológicos y estratégicos de las acampadas? Sin duda. La posibilidad de una hegemonía reformista sobre el movimiento por la vivienda y las limitaciones de todas las luchas parciales existen y no se ocultan. Ahora bien, como decimos en Asturies, «entre Pepín y Pepón, ta Pepe». Las acampadas y las movilizaciones por la vivienda son momentos de gran interés para la juventud y la clase trabajadora. Volvemos a tener esperanza y nos volvemos a sentir protagonistas de nuestro presente y nuestro futuro. Precisamente por eso quienes nos definimos como comunistas debemos hacer todo lo posible por fomentar esta efervescencia política y, paralelamente, ser capaces de dotar a la movilización de una perspectiva revolucionaria que aspire a cambiar el sistema de base y no solo algunas de sus partes.

En ese sentido, la segunda lección que la juventud trabajadora debemos extraer es que hay que luchar en todas las condiciones para lograr, precisamente, superar sus limitaciones. Que el sectarismo, el izquierdismo maximalista y el derechismo reformista condenan a la juventud trabajadora a vivir ensimismada y limitada cuando la precariedad, la pobreza y la explotación nos obliga a ensanchar nuestros horizontes. Que debemos lanzarnos a debatir, intervenir y contrastar nuestra propuesta revolucionaria ahí donde esté la clase obrera y sus hijos e hijas para hacerla hegemónica: para no repetir errores, para conquistar victorias, para cambiarlo todo.

A lo largo de estos días, ha habido tres fenómenos característicos de las acampadas que merecen una mención: la participación de diferentes colectivos laborales, el papel del movimiento estudiantil y la reivindicación de una huelga general. Con respecto a la involucración de trabajadores y trabajadoras en lucha —véase las educadores infantiles o los bomberos contra los desahucios—, esta ha puesto de manifiesto que la base para toda movilización fuerte es la solidaridad de clase entre sus distintos sectores. Por otra parte, el movimiento estudiantil ha estado presente en las acampadas para denunciar la imposibilidad de estudiar sin una vivienda digna y la correlación con la privatización educativa. Por último, la reivindicación de una huelga general muestra que la problemática de la vivienda está vinculada fundamentalmente a la lucha por el salario.

Estos tres fenómenos ponen de relieve una necesidad histórica: organizarnos bajo la bandera del Partido. No es una decisión arbitraria. La solidaridad de clase entre luchas es una condición sine qua non que necesita y merece estar dotada de un programa de movilización y reivindicaciones compartidas. La participación del movimiento estudiantil refleja la necesidad de organizarnos también en los centros de estudio comprendiéndolos como centros de formación de mano de obra. La lucha por un salario que permita pagarnos una casa nos obliga a organizarnos prioritariamente en los centros de trabajo, ahí donde la clase es una y comparte necesidades objetivas.

Por ende, la tercera lección que la juventud trabajadora debe extraer de estas movilizaciones es la necesidad de militar en la Juventud Comunista bajo la bandera de su Partido. Porque la Juventud Comunista se constituye como la vía para que la juventud trabajadora pueda articular sus luchas de forma unitaria y con experiencia acumulada, que ninguna lucha empiece de cero. Porque la militancia constante y arraigada en los espacios donde la clase obrera trabaja, estudia y vive nos permite que toda conquista forme parte de un programa y una estrategia ambiciosa para una sociedad radicalmente diferente.

Las acampadas y las movilizaciones por la vivienda y contra los desahucios nos han hecho recordar de lo que somos capaces cuando estamos organizados y organizadas. La puesta en valor de las lecciones que hemos mencionado —independencia política, luchar en todas las condiciones y militancia constante— depende de únicamente de nosotros. Organicémonos para vivir.