Durante los días 30 y 31 de enero y 1 de febrero Madrid acogió la celebración del XII Congreso de los CJC. Con el lema “Bajo la bandera del Partido. Organizar a la juventud trabajadora”, este evento supuso la culminación de un intenso proceso de debate colectivo iniciado un año atrás. Dicha consigna debe entenderse como el reconocimiento explícito de la centralidad histórica que el Partido Comunista ejerce en la labor revolucionaria. De este modo, se reafirma que la Juventud Comunista debe operar siempre subordinada a su dirección única. En consecuencia, y tras la reciente celebración de su III Congreso, la Juventud Comunista traduce las tesis que el PCTE extrajo de su propio periodo congresual a su realidad específica: la de la juventud de la clase obrera.
En los últimos años, hemos sido testigos de una ofensiva de los capitalistas por rentabilizar y revalorizar el capital tanto dentro como fuera de sus fronteras. Esta dinámica ha provocado un recrudecimiento de las pugnas entre distintas facciones de la burguesía, lo cual se manifiesta en guerras comerciales, ofensivas diplomáticas y, en última instancia, en conflictos bélicos. La guerra en Ucrania, el genocidio perpetrado en Palestina, la escalada de tensiones en Oriente Medio o el incremento del gasto militar en los Estados miembros de la OTAN evidencian el escenario de inestabilidad al que se enfrenta el conjunto de la clase trabajadora y, con especial crudeza, su sector más joven.
Paralelamente, en España se termina de consolidar un mercado laboral definido por la “flexiseguridad”. Este modelo, diseñado bajo las directrices de la Unión Europea, pretende garantizar el trabajo a demanda de las empresas en periodos de crisis, mientras intenta camuflar la precariedad y la temporalidad a la que la juventud sigue encadenada. Este fenómeno ya es una realidad en sectores estratégicos como el de la defensa, donde la contratación a través de empresas subcontratadas facilita un despido barato y rápido. La implementación de estas medidas, amparadas por la gestión del gobierno de coalición, encuentra su reflejo directo en el ámbito educativo. El exponente más nítido de esta tendencia –aunque no el único– es el uso generalizado de las prácticas en los distintos grados universitarios o en la Formación Profesional como método para nutrir a las empresas de mano de obra cualificada y gratuita, utilizada deliberadamente para degradar las condiciones salariales del resto de la plantilla.
La retórica socialdemócrata busca hacer creer que las condiciones de vida y trabajo de la mayoría social han mejorado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, los datos económicos se encuentran maquillados por la inyección de dinero público a través de los fondos europeos que buscaban garantizar el beneficio capitalista, lo que augura inestabilidad económica cuando estos dejen de existir. Las condiciones de vida de la mayoría trabajadora se ha visto sacudida durante los últimos años, además, por la inflación que ha encarecido cada vez más productos básicos y que empuja a la juventud trabajadora a la miseria.
Por tanto, este Congreso se sitúa en un marco de rearme militar e intensificación de las contradicciones interimperialistas. Ante este desarrollo del capitalismo, la Juventud Comunista aprovecha este hito orgánico para definir las tareas necesarias que conviertan la revolución en una palabra de presente. Para ello, profundiza en una concepción fundamental para cualquier organización juvenil que aspire a derrocar el sistema: la noción de organización-escuela. Bajo esta premisa, la Juventud Comunista se constituye como un espacio de formación de cuadros donde la futura vanguardia del proletariado se forma al calor de la lucha de clases, interviniendo directamente en los centros de trabajo, en los institutos y universidades, así como en las plazas de sus pueblos y ciudades.
Este objetivo se concreta, en el plano interno, mediante el fortalecimiento de la subordinación política al Partido, perfeccionando los mecanismos orgánicos que aseguren la correcta transmisión de la línea partidaria a las filas de los CJC. En el plano externo, esto exige sintetizar dos figuras esenciales en una sola: el agitador y el cuadro obrero deben fundirse en el militante bolchevique. En última instancia, se trata de dotar a las tesis políticas de una aplicación práctica y directa; es decir, determinar dónde y cómo intervenimos para organizar a capas cada vez más amplias de la juventud en sus lugares de estudio y residencia. El fin último es incorporarlos a las filas de la Juventud Comunista para que logren avanzar, de forma coordinada, hombro con hombro y clase contra clase.
Las tesis emanadas de este XII Congreso salen hoy para vivificarse en cada espacio donde haya un militante comunista. Mientras las contradicciones del imperialismo amenazan con sumir al mundo en la barbarie, este Congreso permite que la juventud trabajadora retome sus históricas herramientas y haga valer sus propios intereses y para ello, es necesario la existencia del Partido Comunista, como aquel llamado a derrocar el capitalismo.
¡Bajo la bandera del Partido, organizar a la juventud trabajadora!
