Existe una imagen fuertemente arraigada en el imaginario colectivo que asocia a la Unión Soviética con monumentales bloques de pisos grises y deteriorados bajo el frío beso de la nieve y la escarcha. Unos aprovechan este imaginario para criticar la uniforme, depresiva y homogénea vida bajo el socialismo –olvidando los domésticos bloques de ladrillo y toldo verde–, mientras que otros defienden la necesidad de aquellas viviendas en un país devastado por la guerra contra el nazi-fascismo. Pero cabe preguntarse, ¿es eso la arquitectura soviética? ¿Existe acaso una arquitectura soviética?
La arquitectura constructivista
Si nos remontamos a la época de la revolución, no se nos puede escapar la existencia de las vanguardias artísticas que se fusionaron con la lucha revolucionaria. El futurismo, obsesionado con el desarrollo industrial y con la ruptura de la tradición, se vinculó rápidamente a la lucha contra el zarismo y la sociedad burguesa. Por su parte, el suprematismo, que buscaba un alejamiento de la vida a través del arte, quedó rápidamente desplazado por el constructivismo, que fusionó sus métodos artísticos con la propaganda comunista.
En el campo de la arquitectura, el constructivismo priorizaba la funcionalidad y la eficiencia, con el uso de materiales industriales como símbolo de la modernidad. Las estructuras de hormigón, desnudas de decoraciones, tomaban formas puras como cilindros, cubos, etc., buscando dar a la propia estructura una forma artística. Así, conscientemente subordinada a la revolución, a la creación de un nuevo mundo, la arquitectura constructivista se lanzó a la creación de clubs obreros como el Rusakov, con forma de tornillo, casas comunales como la de Narkomfin, o proyectos institucionales que quedaron en pura fantasía, como la Torre de Tatlin.
El debate marxista en torno al arte durante la década de 1930 y las severas críticas al arte abstracto y a las vanguardias en el campo de la literatura y del arte plástico, hizo que con ellas fuese perdiendo progresivamente su relevancia el constructivismo en arquitectura. Del mismo modo que en el arte plástico y en la literatura triunfó el realismo socialista, que a diferencia de las vanguardias no buscaba una ruptura radical con las conquistas artísticas del pasado, sino su superación a través de la asimilación crítica, en arquitectura el constructivismo fue perdiendo peso en favor de lo que hoy conocemos como clasicismo socialista.
El clasicismo socialista
El clasicismo socialista se realizó especialmente en edificios públicos e institucionales. A diferencia del constructivismo, el clasicismo socialista combinó elementos neoclásicos con toques modernos, y construyó edificios monumentales altamente simétricos y proporcionados. La piedra, el ladrillo y el hormigón armado se cubrían ahora con mármol, granito u otros materiales del estilo, y se dio un gran énfasis en la decoración y ornamentación de exteriores e interiores.
Los ejemplos clásicos de este tipo de arquitectura son «las siete hermanas» de Moscú: la Universidad Estatal de Moscú, el Hotel Ucrania, el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Hotel Leningrado, el edificio de viviendas Kotélnicheskaya, el edificio de la plaza Kudrinskaya, y el edificio de la plaza de la Puerta Roja. Sin embargo, este estilo buscó una adaptación a las tradiciones arquitectónicas y culturales de las distintas nacionalidades que componían la Unión Soviética, y aunque son menos conocidos, son especialmente llamativos los edificios construidos bajo esta influencia en las repúblicas soviéticas de Asia Central.
Este tipo de arquitectura está marcado también por un gran énfasis en la planificación urbanística. Las siete hermanas, por ejemplo, son parte de un proyecto aprobado en la década de 1930, aunque no fue hasta después de la guerra que pudieron construirse. En ese sentido, los edificios públicos se pensaban de acuerdo a las planificaciones establecidas para barrios, distritos o ciudades. Las grandes avenidas, los espacios verdes y la movilidad marcaron los planes urbanísticos de esta época. Ciudades como Magnitogorsk o Stalingrado son características de este tipo de urbanismo.
Aunque durante esta época mejoró la tecnología de construcción y las casas se hicieron más seguras, este tipo de edificios eran muy costosos para las necesidades del momento y su mantenimiento era difícil, por lo que durante la década de 1950 fue dejándose atrás.
Las últimas décadas de arquitectura soviética
El 4 de noviembre de 1955 el Comité Central del PCUS aprobó la resolución nº 1871 conocida como «Sobre la eliminación de los excesos en el diseño y la construcción». Esta marcó el fin del dominio del clasicismo socialista, y desde entonces la arquitectura soviética estuvo regida por la sencillez, la funcionalidad y la economía. Los nuevos edificios se diseñaban con estos principios como fundamento, y los edificios que estaban en proceso de construcción se paralizaron para eliminar de ellos cualquier tipo de ornamentación.
En este contexto se desarrolla lo que conocemos como modernismo soviético en arquitectura, que suele mantener el carácter monumental del clasicismo socialista, pero con una vocación racionalista y funcionalista. Se experimenta con la fusión de distintos estilos y se construyen muchos de los edificios que hoy conocemos como brutalistas, destinados sobre todo a edificios públicos. También en esta época se desarrolla todavía más la herencia nacional de las distintas repúblicas soviéticas en las formas arquitectónicas. Sin embargo, paralelamente a esto la construcción de la vivienda se estandarizó y aparecieron los interminables barrios de grandes y uniformes bloques que han quedado para la memoria colectiva.
La vivienda en la Unión Soviética
Aunque no es ningún secreto, pocas veces se conoce el hecho de que en torno al 80% del ejército nazi cayó ante el Ejército Rojo en el frente oriental. Pero la Unión Soviética pagó muy cara la victoria: más de veinte millones de soviéticos murieron en la guerra y buena parte de sus ciudades quedaron completamente destruidas. Ante esta situación, se hacía necesaria la urgente reconstrucción de las ciudades y una solución a la escasez de vivienda.
La planificación urbanística siguió una línea similar a la de las décadas anteriores, reconstruyendo las ciudades devastadas con el objetivo de facilitar la movilidad y el acceso a espacios públicos y de ocio. Se crearon barrios residenciales separados de las zonas industriales pero bien conectados en transporte público, que junto a los espacios verdes protegían a la población de la contaminación de aquellas zonas.
Durante las décadas de 1950 y 1960 se empezaron a construir las llamadas jruschovkas. Eran complejos de tres o cuatro edificios que rodeaban a un parque que se situaba en medio, con unas cinco plantas de altura y sin ascensor. Estaban pensadas para ser construidas de forma rápida y barata para cubrir la falta de vivienda, y por ello se construían con paneles prefabricados y sin ningún tipo de decoración. Estos complejos formaban los barrios residenciales, y compensaban los pequeños espacios habitacionales con espacios públicos y de socialización como los parques, clubs, teatros o cines. Además, la mayor parte de los servicios, como colegios, farmacias, hospitales o comercios se encontraban distribuidos de tal forma que no era necesario salir de los barrios para acceder a ellos.
Más tarde, las jruschovkas evolucionaron en lo que conocemos como brezhnevkas, aunque la diferencia entre unas y otras es menor. La construcción de estos edificios sigue siendo con paneles, aunque no siempre, y llegan a doblar la cantidad de pisos, pero ahora sí incorporando ascensor en ellos. Finalmente, las conocidas como gorbachovkas aumentaron todavía más los pisos, llegando incluso a veinte. Llegamos así, ya en los últimos años de la URSS, a aquellos grandes bloques de vivienda que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en la arquitectura soviética.
