Skip to main content
Posicionamientos políticos

Resolución del XII Congreso de los CJC sobre el auge de la reacción

By 24/02/2026No Comments

El XII Congreso de los CJC, reunido en pleno el 31 de enero y 1 de febrero de 2026, reafirma su compromiso de combatir la extensión de la reacción en todos los espacios de vida y trabajo de la juventud obrera, plantando cara a toda violencia ejercida contra los miembros de nuestra clase. Los CJC señalamos que el auge reaccionario, que afecta a amplios sectores de la juventud, no es un fenómeno excepcional, extraño o transitorio, sino intrínseco a la lógica social y política del sistema capitalista, particularmente en su fase imperialista.

La tendencia a la reacción se enmarca en la necesidad de la burguesía de contrarrestar los efectos y las contradicciones de una producción que es cada vez más social pero que está en cada vez menos manos, donde el control de los espacios de valorización del capital es cada vez más importante y se concreta de forma cada vez más violenta. El momento actual expresa una aceleración de este fenómeno, impuesta por unas condiciones de desarrollo capitalista que exigen más control y disciplinamiento de la fuerza de trabajo.

La agudización de las contradicciones interimperialistas entre aquellos sectores monopolistas interesados en mantener el carácter internacional de las cadenas de valor y aquellos que buscan alternativas para rentabilizar su capital acortando dichas cadenas es la base del auge de las posturas nacionalistas y soberanistas. En este contexto de reordenamiento de las cadenas de valor, este nacionalismo económico conecta y atrae tras de sí a sectores de las capas medias empobrecidas, que históricamente han configurado la base social de la reacción.

La vieja y nueva socialdemocracia, bajo cuyo pabellón, intereses y coordenadas se articuló la respuesta a la crisis de 2008, no sólo ha fracasado a la hora de detener y revertir la continuada pérdida de poder adquisitivo, sino que se ha desenmascarado como garante de la paz social y el disciplinamiento de la clase trabajadora: a través de sus lugartenientes en el movimiento obrero, cuando es posible, y la policía, cuando es necesario. A su vez, ha abandonado al proletariado migrante a su suerte, que ha pasado a ocupar en masa los puestos más precarios y con mayores tasas de explotación del mercado laboral, correlato de la marginación social y habitacional. La indefensión legal y el bajo grado de organización sindical han facilitado el proceso, rápidamente usado por la pequeña y gran patronal como arma de guerra contra el resto de la clase trabajadora. Ante las clases medias, la socialdemocracia presenta este proceso como el garante del mantenimiento de sus menguantes privilegios. Ante la clase trabajadora migrante, como poco más que caridad.

El racismo y la xenofobia es odio de clase, violencia directa e indirecta contra las masas de trabajadores y trabajadoras migrantes que llevan a cabo todas las labores abandonadas por las capas medias nacionales. Ante la deslegitimación de la socialdemocracia y los gestores del Estado entre amplias capas de la población, la precariedad estructural, la pérdida de poder adquisitivo y la proletarización acelerada cristaliza en desgarro social entre la pequeña burguesía y la aristocracia obrera y las crecientes y cada vez más explotadas masas de proletarios, que hoy conforman en gran número grupos cultural, religiosa y étnicamente diferentes. Cerrada la vía de la reforma y en un contexto de debilidad del movimiento obrero revolucionario, estos sectores protagonizan así su repliegue tradicionalista, buscando en imaginadas formas sociales del pasado la seguridad y certeza que el capitalismo contemporáneo les ha arrebatado.

No es casualidad por tanto que cada vez se blanquee más la criminal dictadura franquista, ni que las redes sociales se infesten de propaganda y mentiras fascistas. El fascismo no es hoy, en términos generales, una fuerza social relevante, pero las redes sociales proyectan su discurso y sus ideas a amplias capas de jóvenes. Tampoco es casualidad, por tanto, que estallen graves situaciones de violencia racista como la de Torre Pacheco en el verano del año pasado.

La juventud de extracción obrera y popular, más violentamente sometida a la proletarización y precarización contemporáneas, ha sido así uno de los principales protagonistas de, primero, el auge de la nueva socialdemocracia y, ahora, la expansión reaccionaria. La ausencia de un movimiento obrero fuerte y en clara oposición al dominio contemporáneo del capital limita la capacidad de este de encuadrar a la juventud y deja abiertos los canales para la penetración de la reacción. Y, entre las nuevas generaciones, que en gran medida han madurado políticamente en tiempo de gestión socialdemócrata, incluso la más pueril oposición a los presupuestos ideológicos del “progresismo” o, más ampliamente, a la globalización, sirven como muestra de oposición y rechazo a sus condiciones de existencia contemporáneas. Son, en cualquier caso, el repliegue producto de la falta, entre los jóvenes de extracción obrera y popular, de claros programas de resistencia, combate y ofensiva revolucionaria.

EL XII Congreso de los CJC señala ante la juventud obrera y estudiante que los programas de la reacción conducen todos a un callejón sin salida. Sin capacidad para resolver los problemas de carencia e incertidumbre vital, nos condenan a un futuro de violencia contra nuestros hermanos y hermanas de clase. En este, los instrumentos represivos entrenados hoy por el Estado contra la clase obrera migrante se volverán pronto contra el conjunto de la juventud obrera, carne de cañón sometida a una creciente militarización y disciplinamiento ante las crecientes perspectivas de guerra generalizada.

Ante el presente de miseria y el futuro de violencia al que la sociedad capitalista nos aboca, los Colectivos de Jóvenes Comunistas llamamos a la juventud trabajadora a rechazar los cantos de sirena y promesas supremacistas de la reacción. A confrontar y combatir de frente, en cada espacio de vida y trabajo, y por todos los medios toda expresión de violencia contra nuestra clase ya sea en la forma de racismo, xenofobia, misoginia o LGTBfobia. Y a denunciar a quienes, desde la izquierda, nos chantajean en nombre del mal menor y tratan de recabar nuestro apoyo para un presente de disciplina militar, pobreza e incertidumbre económica. A transitar, en definitiva, un camino propio bajo la bandera de la oposición obrera, fundada en nuestra organización en cada barrio, centro de estudios y de trabajo, en la unidad y solidaridad de clase y en el combate contra los capitalistas y sus gestores políticos. A reforzar las filas de la Juventud Comunista por un futuro en el que juventud no sea sinónimo de incertidumbre, angustia y desaliento, sino de lucha y esperanza revolucionarias.