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Lluís BaceteRevista Juventud

Reseña de: El 47

By 18/02/2026No Comments

Sobre la película El 47 se ha hablado no pocas veces en esta parte del espectro político, sin embargo, debo empezar advirtiendo no sólo del potencial, sino también de los límites de una película que pretende el entretenimiento con una historia inspirada en hechos y personajes reales. Una inspiración que bebe de la experiencia de lucha de la clase trabajadora.

Ese es su potencial: condensar a través del entretenimiento, la cultura y el arte la memoria colectiva. Su límite, sin embargo, son las grandes ausencias, sin las cuales, esa historia colectiva es imposible de entender pues se dibuja como resultado de la voluntad de líderes, personajes y héroes individuales.

En este caso, la película retrata un momento puntual de la lucha obrera para cubrir nuestras necesidades básicas: en particular, tener transporte público en Torre Baró, un barrio de viviendas de autoconstrucción enclavado en los límites de Barcelona, en la Sierra de Collserola, con calles de fuertes desniveles y curvas muy cerradas, prueba del rápido crecimiento de la ciudad en las décadas de 1950 y 1960 que empujó a los migrantes a vivir donde parecía imposible.

Imágenes de la peícula “El 47”

Lo bueno

Además de la magistral interpretación de Gallo rojo, gallo negro, de nuestro Chicho, lo valioso de esta película es que no habla de resignación ni de distopía, sino que es pionera al dotar de épica a un momento muy particular de la historia de nuestra clase. A través de una campaña política, cuyo culmen es una acción que hoy en día casi sería considerada terrorismo –un autobusero secuestrando su bus– el movimiento vecinal demuestra a las instituciones y a Transportes de Barcelona que, aunque ellos tuvieran todos los argumentos técnicos necesarios y las trabas burocráticas que quisieran para negarle un derecho básico a todo un barrio bajo la excusa de que «no hay demanda suficiente», lo que pedían los vecinos no sólo era necesario y razonable, sino también posible. Probablemente a alguno de nuestros lectores esta experiencia aún le resulte familiar.

Protesta por una linea regular de bus

Lo malo

La película habla de nuestra historia, pero no la contamos nosotros. Cualquiera que se encuadre de nuestro lado de la trinchera sabe que la primera escena de la película –cuando gracias a Manuel Vital los vecinos se organizan para construir colectivamente sus casas y burlar la legalidad franquista– es imposible de imaginar sin una organización grande detrás que dirija y articule esa acción colectiva.

Uno de sus principales defectos es la individualización de la acción y la responsabilidad: lo poco que vemos del movimiento obrero es retratado como izquierdismo estéril y lo poco que vemos del movimiento vecinal aparece fragmentado y marcado por el cansancio y las culpas. El movimiento obrero, el movimiento vecinal y sus organizaciones son fundamentales para entender quién era Manuel Vital: presidente desde finales de la década de 1960 hasta 1994 de la asociación de vecinos de Torre Baró, militante de CCOO y del PSUC. Vital, perfectamente consciente de su situación como migrante expulsado de su tierra, –lo cual se observa en frases como: «esto es un acuerdo del capital: cuando nos necesita, el trabajador es como el agua en una huerta, nos trasladan de un lugar a otro»–, no sólo organizó este secuestro, fue un dirigente obrero que, por ejemplo, organizó junto a sus vecinos y vecinas, compañeros y camaradas cortes de acceso a Barcelona por la Avenida Meridiana para pedir servicios básicos como el agua corriente.

Como última crítica, la trama introduce a un personaje que no tiene nada que ver con esta historia más allá de la anécdota de que años después viviría unos días en su casa para ver los problemas del barrio: Pasqual Maragall, alcalde de Barcelona entre el 1982 y 1997 por el PSOE, quien es retratado como un trabajador municipal precario que ayuda al protagonista a buscar ayuda en las instituciones. Algunos lo llamarán «licencia narrativa» o «magia del cine», pero yo prefiero llamarlo «invento».

Conclusiones

El límite de esta película es que sólo es nuestra a medias. Habla de nosotros y nuestra historia, de que unidos y organizados podemos ganar. Pero no la contamos nosotros, por tanto el acento no puede ponerse en lo importante: en las formas de esa unión y organización, que no dependen de héroes individuales sino de dirigentes orgánicos, colectivos. Esa fue la grandeza de Manuel Vital y, como la suya, la de tantos otros y otras militantes sin nombre que han escrito la historia de nuestra clase que hoy nosotros tomamos en nuestras manos. La película nos cuenta la historia de un héroe individual que salva a los suyos en un acto excepcional, pero la realidad es que la acción fue preparada por el Partido, y fue utilizada muchas otras veces en barrios cercanos con problemas similares, y es precisamente ahí donde radica su heroicidad, su validez y su vitalidad.

A pesar de las críticas, os invito a verla: es una película bien producida, que aborda un tema que nos resulta atractivo y nos puede dar lugar a una buena y productiva conversación.

¡Y por cierto! Los vecinos de Torre Baró tuvieron que volver a protestar este año contra la eliminación del bus regular, y tras semanas de movilizaciones consiguieron su vuelta. Desde aquí no podemos hacer otra cosa que felicitar al barrio por su victoria y aprender que las luchas se ganan en un día, sino que suponen, con suerte, semanas de aguantar el pulso, organizar, y siempre, más todavía cuando se ha ganado una pequeña batalla, seguir luchando.